viernes, 10 de marzo de 2023

Las ballenas

 Las ballenas son los animales más grandes que jamás hayan existido. Pertenecen a un grupo de mamíferos marinos conocidos como cetáceos. No son peces porque tienen sangre caliente, respiran aire a través de pulmones y dan a luz a crías vivas que se alimentan de leche materna.

Tienen un oído excelente y son dos o tres veces más eficientes que los mamíferos terrestres para utilizar el oxígeno del aire que respiran. Las ballenas tienen cajas torácicas colapsables que las ayudan cuando se sumergen a profundidad. Además, poseen una capa de grasa muy gruesa que las aísla para protegerlas del frío.

Los científicos creen que las ballenas evolucionaron de mamíferos terrestres de cuatro patas. Ahora, están perfectamente adaptadas a una vida submarina. Tienen un cuerpo aerodinámico y han perdido casi todo el pelo externo para evitar la fricción y mejorar el deslizamiento por el agua. Sus extremidades se transformaron en aletas.

Existen dos tipos principales de ballenas: las dentadas (como el cachalote y la orca) y las barbadas (como la ballena jorobada y la azul). Las barbadas tienen placas en forma de peines que están formadas por estructuras compuestas de pelos rígidos. Estos forman una red que filtra la comida del agua del mar. La gran mayoría de las grandes ballenas son barbadas y se alimentan fundamentalmente de minúsculas criaturas llamadas krill, parecidas a los camarones.

Las ballenas tienen unos orificios en la parte superior de la cabeza llamados “aventadores”, los cuales actúan como nuestros orificios de la nariz. Las ballenas barbadas tienen dos aventadores y las dentadas solo uno.

Amenazas para las ballenas 

  • Contaminación 

La contaminación de los océanos por el vertido de desechos tóxicos (de origen industrial, agrícola o doméstico) pone en peligro la vida de los animales marinos.

Los contaminantes persistentes como los pesticidas organoclorados y PCB (policlorobifenilos) pasan a formar parte de la cadena alimenticia, son bioacumulables y biomagnificables porque se acumulan en los tejidos grasos de los cetáceos afectando sus sistemas inmunológico, endócrino y reproductivo. El daño del sistema inmunológico deja a los cetáceos susceptibles de cualquier enfermedad, a biotoxinas o al ataque de virus o bacterias que en otras circunstancias no serían perjudiciales.

La contaminación de los mares crea las condiciones ideales para los brotes de marea roja, cuyas biotoxinas ya han causado la muerte masiva de organismos marinos, incluyendo cetáceos.

  • Cambio climático 

El cambio climático afecta a los ecosistemas oceánicos al fluctuar la temperatura de los mares, lo cual impacta en las cadenas alimenticias en cuanto a la cantidad y diversidad de especies porque provoca su dispersión.

Así, las ballenas pueden enfrentar la escasez de alimento por no hallar suficiente cantidad de las especies que consumen habitualmente o no encontrarlas en las áreas a las que en general asisten para alimentarse.

Además, el cambio climático afecta a fenómenos meteorológicos como El Niño y la Niña, haciéndolos más frecuentes, prolongados e intensos.

El fenómeno de El Niño provoca cambios en la temperatura del agua, lo cual afecta a las especies que sirven de alimento a los grandes cetáceosTambién produce mareas rojas.

En el sureste del Pacífico las mareas rojas son raras y desde hace más de 20 años no se tenía conocimiento de ellas. Recientemente, han aparecido mareas rojas casi anualmente durante el invierno favorecidas por la presencia de El Niño…” (Cortés-Altamirano et. al. 1995).

  • Reducción de la capa de ozono
Anteriormente, se pensaba que la disminución de la capa ozono sólo tendría efectos en la Antártica, sin embargo, ya se observaron impactos en latitudes más norteñas como Belice.


La radiación ultravioleta que deja pasar el adelgazamiento de la capa de ozono puede penetrar hasta profundidades de 30 metros en mar abierto. Los rayos ultravioleta dañan el ADN y afectan el proceso de fotosíntesis, enzimas, metabolismo de nitrógeno, tasa de crecimiento, entre otras funciones del fitoplancton, que en su mayoría está restringido a las capas superiores del mar.


El fitoplancton es la base de la cadena trófica y al ser afectado causa trastornos en toda la cadena alimenticia. Sumado a esto, tiene un efecto directo sobre el zooplancton. Asimismo, los huevos y las larvas de muchas especies de peces son muy sensibles a la radiación ultravioleta.

  • Caza comercial 
La captura de estos cetáceos está prohibida desde 1986, cuando entró en vigencia una moratoria mundial sobre la caza de ballenas. Sin embargo, Japón, Islandia y Noruega continuaron captúrandolas a través de un falso programa científico. El comercio que se desarrolló fue exclusivamente de la caza que provenía de “pesca científica”, por lo que, en estricto rigor, fue ilegal.


Esta situación favoreció la entrada de artículos ilegales a esos mercados. De hecho, durante la década del 2000 en Japón y Corea se detectó la venta de carne de ejemplares que pertenecían a especies en peligro de extinción. 


En 2019 Japón anunció que volverá a capturar ballenas en su zona económica exclusiva. Sin embargo, el mercado para productos derivados de la caza es casi inexistente, por lo cual es poco probable que esta práctica se mantenga en el tiempo, excepto que el gobierno japonés la continúe subvencionando.



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